El museo de las legítimas

De Sandra Franzen

PREMIO ARGENTORES – Año 2008

Publicación año 2009


ESCENA I

MUSEO DE LAS LEGÍTIMAS

Casa antigua. En el fondo un ventanal con rejas que da a la plaza. En el centro, la estatua de Paul Baungartner. Gigante. Rústica. Pintada a la cal. Mano derecha con puño cerrado en alto. Mano izquierda sobre su prominente vientre. Cabeza grande y desproporcionada con el resto del cuerpo. Rasgos exagerados. Objetos propios de un museo dispersos por el espacio. Frente a la estatua, una mujer mayor: Margrith. Vestido y peinado muy prolijo. Mas alejada tomando distancia como para observar la estatua, esta Klaudina. Joven regordeta y ágil en sus movimientos.

KLAUDINA. -En el medio de la plaza se ve distinta. ¡Cómo lucía en las retretas de los domingos! ¡Y al atardecer! …el solcito le pegaba de este lado y resaltaba su perfil…

MARGRITH. -Acá adentro está a salvo.

KLAUDINA. -¡Se la llevaban, doña Margarita!.

MARGRITH. -Margrith.

KLAUDINA. -Disculpe, doña Margrith.  La carnicera, la más mayor…

MARGRITH. -Agnes.

KLAUDINA. -Esa. Ya había empezado a cavar alrededor. (Ríe) ¡Cuándo le echamos los perros encima no le daban las patas para correr!…

MARGRITH. -Tus rondas nocturnas dieron resultado. Me imagino que va a ser noticia destacada en “El Colonizador”.

KLAUDINA. -¡En primera página!.  Este mes veníamos flojos de material. Ningún nacimiento, ningún casamiento. Apenas un obituario. 

Margrith pone baúles, sillas y todo tipo de trastos formando una barricada alrededor de la estatua. Klaudina pasea por el lugar y la mira.

KLAUDINA. -¿Sabe?…En el diario se comenta que en el museo de ellas tienen algunas cartas de Don Paul…

MARGRITH. -Cartas. ¿Qué cartas?.

KLAUDINA. -Cartas….cartas de su puño y letra. (Pausa incómoda) Pero de alto contenido pasional. ¡Casi podría decirse que son obscenas!.

MARGRITH. –(La toma de los hombros) ¿¡Dirigidas a mi santa madre!?.

KLAUDINA. -¡No!. A las “otras” madres. Digo mujeres. A otras muchas mujeres.

Margrith la empuja. Klaudina trastabilla. Margrith avanza sobre ella amenazadora.

MARGRITH. -(Entre dientes) ¡Voy a hacer que te salgan sapos de la boca!. ¡Eso es tan falso como ellas!.

Klaudina se resguarda detrás de unos trastos. Desde allí grita.

KLAUDINA. – ¡Y el museo de ellas recibe más visitas que el nuestro!.

MARGRITH. – ¡No me faltes, Klaudina!.  (La busca) Se te va a caer la lengua de tanto mentir.

KLAUDINA. – (Asomando la cabeza) ¡Es verdad! ¡Yo lo vi!

MARGRITH. – (Enfurecida) ¿¡Cuándo!? ¡Si está siempre cerrado!

KLAUDINA. – (Saliendo lentamente de su escondite) ¡Durante el día! Pero a la noche pasan cosas raras. Cuando dan las doce campanadas empieza el desfile. Con la luz del sol ningún parroquiano pondría un pie en esa covacha. No se atreverían a traicionarnos. Anteanoche me quedé espiándolas hasta las cuatro de la mañana. (pausa. Se persigna) ¡Ni se imagina los que fueron!

MARGRITH. -¿¡Quiénes se atreven a desafiarme!?

KLAUDINA. -Todas las personalidades locales. El doctor Yappert y su familia, completa. Alois Wellig y su novia, la bayita que le dicen. Wendelino Holzer y sus hermanas. Todas. Hasta la renga. Antón Ittig y sus cuñadas. José Margelich y sus amigos. La fuerza policial representada por el agente Mattig, el tuerto, ¿lo ubica?. La comisión directiva del Club de Bochas “Juventud Eterna” en pleno. Jacinto Sánchez, sólo…

MARGRITH. -¿Y ese quién es?.

KLAUDINA. -Sánchez, el que trabaja en el boliche de la gorda.

MARGRITH. – ¿Y de dónde salió?.

KLAUDINA. -Del pueblo vecino.

MARGRITH. -Hay que regular las migraciones internas.

KLAUDINA. -La gente le hace el vacío. El, como para integrarse, fundó la Sociedad de Canto Español. Una sociedad unipersonal.

MARGRITH. -¡Es lo que yo digo!. Les das un poco de calce y te fundan una institución.

KLAUDINA. -Y le hace el novio a la viuda de Rogelio Stirnemann.

MARGRITH. -¡Pobre el finadito!. ¡Ni cinco años que falta!

KLAUDINA. -Los domingos por la tarde la pasea en la “Stude-Baker” por la plaza. Vuelta, vuelta y vuelta. La debe tener mareada a la viuda.

MARGRITH. -Parece un hombre pudiente, ese Sánchez.

KLAUDINA. -La viuda está contenta. ¡Y claro!, don Rogelio al único lugar que la llevaba era a misa. ¡Y en sulky!

MARGRITH. -¡Qué barbaridad!. A esto hay que tratarlo en la próxima reunión de Comisión de Fomento.  (Toma aire) ¿Y quién más nos traiciona?

KLAUDINA. -El que nunca falla es Ulrico Legger.

MARGRITH. –(Azorada) ¿¡Nuestro maestro de ceremonias!? ¿¡Nuestro organizador de quermeses y fiestas populares!? (Se sienta sobre un trasto. Abatida) Muchacha, estamos rodeadas por el enemigo. (Se recompone) Pero tenemos la estatua en nuestro poder. Vamos a hacer una gran convocatoria. Un acto de desagravio. Yo, como su única hija. La legítima. La matrimonial. Y vos, como su sobrina nieta. Sangre de su sangre. ¡Juntas elevaremos a lo más alto el honor y el buen nombre de Don Paul Baungartner!. ¡Les daremos una lección a esas bastardas y sus secuaces!

KLAUDINA: ¡Así se habla, doña Margarita!

MARGRITH: (Grita) ¡Margrith!

ESCENA II

MUSEO DE LAS BASTARDAS

Galpón donde se almacenan cereales. En el centro un pequeño busto de Paul Baungartner. Alrededor baúles y bolsas de arpillera. Todo muy desordenado y sucio. Bienvenida, esta sentada sobre uno de los baúles. Es morena, de rasgos indígenas. Voluminosa. Vestido con gran escote. Muy maquillada y con muchas alhajas. Lee casi con desesperación. De vez en cuando se detiene y se apantalla con el papel. Entra Agnes. Mujer robusta. Casi hombruna. A pesar de su aspecto tiene una voz suave y dulce. Viste un batón descolorido. Se para al lado de bienvenida y se cruza de brazos.

AGNES. -¡La metieron adentro del museo!. ¡Qué humillación! ¿Usted se lastimó? Yo tampoco. ¡Elenita, digo, “Helene” tiene toda la pantorrilla rasguñada! ¡Si ese perro, que parecía un ternero, le llegaba a agarrar la pierna, se la comía viva! Menos mal que nos pudimos meter en la carnicería.

BIENVENIDA. -¿Qué hace tan temprano?. ¿Ya la cerró?

AGNES. -Hoy no abrí. La vergüenza. No le quiero ver la cara a nadie. Debe estar enterado todo el pueblo. (Pausa. Mira a la mujer que sigue leyendo como si nada) Bienvenida… ¿el fracaso de anoche no le merece ningún comentario?

BIENVENIDA. -(Lee) “Cuando me monto en sus redondas ancas, color azabache, me siento un domador invencible. Al principio usted se resiste, “Flor de Irupé”, juega al caballo brioso y yo me siento un conquistador a punto de” … (Mira a Agnes que esta boquiabierta. Sacude el papel) ¡Es muy revelador!. (Lee) “Finalmente, mi sable fundador, mi estandarte colonizador, se hunde en su carne deseosa que me reclama cual tierra virgen que ansía”…

AGNES. -¡Si por lo menos habría una frase, una palabra, un indicio que nos indique!…

BIENVENIDA. -¿Y le parece poco?. Esto es un documento histórico. Acá hay un párrafo completo donde refiere al culo de mamá. ¿Se lo leo?

AGNES. – ¡No! ¡Deje eso!

BIENVENIDA. -¡No se resista al amor!. ¿Le conté que él la raptó? El “Cacique Pirzún” le juró la muerte. Imagínese. ¡Qué un gringo se lleve a una india! ¡Semejante afrenta! (Busca mas cartas adentro de los baúles) Estoy haciendo un trabajo muy serio. Una clasificación de las misivas. Lo del rapto supuestamente sucedió después del amorío que tuvo con su madre y paralelamente al que tuvo con la madre de Helene. Es lo que pude reconstruir hasta el momento. (La mira fijo) A propósito, ¿y usted cuándo va a aportar su epistolario? (Agnes canturrea) No se desentienda.  Son parte de la historia. (saca un papel de un baúl) ¡Mire lo que tengo! Una que se salvó de su furia incendiaria. (Agnes intenta arrebatársela sin éxito) Habla de los pechos de su madre. De la forma, volumen, tamaño. La caligrafía es ondulante, proporcionada. Seguro se la escribió en un momento de sosiego porque…

AGNES. -¡No puede ser!. Yo las tengo muy bien guardadas.

BIENVENIDA.  – ¡La atrapé!. Nos dijo que las había quemado. ¡Agnes!… son el pilar de nuestro museo. Debe traerlas. Además, hay que renovar el material. Fíjese, que el menor de los Yappert a éstas ya se las recita de memoria. ¡Qué cabecita privilegiada ese muchachito! La prosa de papá no es fácil. (Pausa. Dura) Es todo lo que tenemos. Nuestra única herencia.

AGNES. –(Explota) ¡Para lo único que sirven las cartas es para alimentar la morbosidad de este pueblo!. ¡Son unos puercos! ¡Se regodean con la intimidad de nuestras madres! ¡Fue idea suya abrir el museo por las noches!

BIENVENIDA. –(Burlona) ¡Claro! ¡Porque robarse la estatua de la plaza era mejor idea, ¿no?!. Escuche, esto prueba que existimos. (Lee) “Su aliento sabe a vainilla, sus manos huelen a ajo, su entrepierna es un “caracú” y la dejo para el final. ¡Qué “caracú”!. Cuando la doy vuelta me encuentro con su jamón. Macerado y a punto. La mesa esta servida y yo con mi facón en la mano dispuesto a entrarle a ese manjar”. (Pausa. Pensativa) ¿Y si hablamos con Don Ernesto para que las publique en “El Colonizador”?

AGNES. –(Lloriquea) ¡Basta, Bienvenida!

BIENVENIDA. –(Furiosa) ¡No me diga más Bienvenida! (Intenta un acento alemán) ¡Beni!, ¡Beni! Por lo menos suena más centro-europeo. Si ella se llama “Margrith”, entonces yo soy “Beni”. ¿Entendido? (Agnes asiente llorosa)   

Bienvenida dobla la carta y la deposita en el baúl. Lo cierra. Camina hacia Agnes.

BIENVENIDA. -Necesitamos un hecho definitivo. Algo contundente. (Susurra) Como lo que hablamos la otra noche…

AGNES. –(Se sobresalta) Lo de la otra noche lo tiramos como último recurso. Sólo en caso que no resulte ninguna de las…

BIENVENIDA. -No resultaron. ¡Debemos salir a la luz! ¡Es hora!… es hora… ¿Qué hora es?

AGNES. -Mediodía.

BIENVENIDA. – ¡Caramba!. Qué tarde se ha hecho. (Toma a Agnes de los hombros. La estudia) La verdad que usted no heredó los atributos maternos. Mas bien salió a papá. (Agnes se tapa la cara. Lloriquea) Bueno, no se ponga así. Un poco más de teta, un poco menos. Tretas de la naturaleza. (Comienza a empujarla hacia la salida) Ahora es el momento. Hay que controlarlas. Hay cierto revuelo en el pueblo. Vaya. Espíelas. Intimídelas. Que sientan su presencia amenazadora. No les vamos a facilitar las cosas. (La palmea) ¡Fuerza, mi guerrera!

AGNES. –(Moqueando) ¿Le parece que pueda?

BIENVENIDA. -Absolutamente, mi querida. (La empuja hacia fuera)

AGNES. -¿Usted se queda?

BIENVENIDA. -Alguien tiene que vigilar. Estamos expuestas al sabotaje.

Agnes asiente y sale. Bienvenida saca de uno de los baúles un perfume y se vaporiza todo el cuerpo. Desde el fondo se escucha un ruido. Se acomoda los pechos.

BIENVENIDA. – (Pega un alarido) ¡Acá está tu indiecita salvaje!

ESCENA III

MUSEO DE LAS LEGITIMAS

Klaudina cuelga guirnaldas y globos. Margrith esta lustrando la estatua. El lugar esta dispuesto para una celebración. Desde afuera se escucha la propaladora local anunciando el acto. Margrith detiene su tarea y observa una pequeña mesa de luz.

MARGRITH. -¿Qué hace esto acá?

KLAUDINA. -Me pareció importante exhibirla. Es un objeto histórico, Doña Marga…grith.

MARGRITH. -Eso no era de papá.

KLAUDINA. -Se me ocurrió como para engalanar más aún el acto. Fue donación del excelentísimo Dr. Yappert. Lo compró en un remate en Buenos Aires. Parece que no le hacía juego con los muebles del dormitorio y entonces la mujer la sacó a la galería y le puso arriba unas macetas con amarantos y el doctor… (Margrith la mira impaciente) Además perteneció a Mariquita Sánchez.

MARGRITH. –(Horrorizada) ¿¡Pariente del Sánchez de la Sociedad Española!?

KLAUDINA. -No, señora. Sánchez de Thompson.

MARGRITH. -¡Bueno!. Entonces le ponés un cartelito que diga “Perteneció a la Sra. De Thompson”. Pero llevátela para atrás. Acá adelante vamos a exponer las herraduras que usaron los burros y los caballos de papá a lo largo de toda la travesía.

KLAUDINA. -¿Qué travesía?.

MARGRITH. –(Rimbombante) ¡El Segundo Cruce de Los Andes!.

KLAUDINA. –(Abre grande los ojos) ¿Cómo San Martín?.

MARGRITH. -La misma ruta.

KLAUDINA. -Me impresiona.

MARGRITH. –(Pasa una mano por los hombros) Siete años de su vida. Sólo. Partió de la costa santafesina, escapando de los salvajes indígenas que se la tenían jurada. Un problemita de tierras. Una nadería. Pero todos sabemos como son los indios. Enseguida van a las armas. No tienen educación. (Pausa. Klaudina asiente) La emprendió para Santiago del Estero. Ahí se perdió. Vagó por la cuña boscosa como dos años y luego retomó la ruta. En Córdoba estuvo unos meses para el reabastecimiento. Noche en Mendoza y después ¡a enfrentar la cadena montañosa!

KLAUDINA. -¿Y los indios lo seguían?.

MARGRITH. -¡No seas bruta!. Empezó como una huida y terminó como una epopeya. En aquella época estaba poseído por una fiebre fundacional.

KLAUDINA. -¡Qué emocionante!.

MARGRITH. -Fundó pueblos por Chile, Perú, Bolivia, tocó el sur de Brasil y bajó por el Paraná. Volvió al mismo lugar del que partió siete años antes.

KLAUDINA. -¿¡Y los indios!?.

MARGRITH. -Domesticados. Unos curas se habían encargado de civilizarlos. A esa altura ya habían olvidado el problemita y lo recibieron con todos los honores.

KLAUDINA. -¡Ese hombre es un héroe!

MARGRITH. -¿Te parece que un hombre así, un prócer, iba a tener tiempo para amores clandestinos?. ¿Iba a perder horas de su histórica vida para escribir cartas obscenas a mujeres libertinas?

KLAUDINA. –(Pensativa) ¿Y su madre qué hizo mientras Don Paul daba la vuelta fundacional?.

MARGRITH. -¡Lo esperó!. Como corresponde. Y se casaron. (Pausa. La palmea) Ahí tenés otra historia para tu diario.

KLAUDINA. -¡Este mes se vende como pan caliente!.

MARGRITH. -¡Terminemos de una vez con la ornamentación!. ¡En cuatro horas empezamos con los fuegos artificiales!

ESCENA IV

MUSEO DE LAS BASTARDAS

Risotadas de bienvenida. Bultos y trastos que se mueven. Entran Agnes y Elenita. Esta ultima es flaca y descuidada en su aspecto. Lleva colgado un acordeón. Mas risas. El busto de Paul Baungartner tambalea. Agnes manotea un candelabro. Las dos mujeres observan los extraños movimientos. Están alertas. Gritos de bienvenida mezclados con exclamaciones exageradas.

AGNES. –(Susurra) La están torturando. (Elenita hace una mueca y sacude la cabeza. Grititos y risas de bienvenida) ¿Pero qué le hacen?. (Tímidamente) Bienvenida…¿se siente bien?. Beni…Beni…

Silencio. Carcajada de bienvenida.

BIENVENIDA. –(Sensual) Hace mucho que no me viene a civilizar. (Gruñidos de un hombre. Mas movimientos. Un alarido de bienvenida) ¡No! … ¡no!… ¡No me colonice!….¡Sí!…¡Soy su indiecita salvaje!… ¡No me amenace con ese fusil!… (Alarido) ¡Qué fusil!. Sí … sí… Dispare… ¡Dispare ahora!… ¡Viva la unión de las dos culturas!…

Grito de guerra de bienvenida. Agnes se cruza de brazos y resopla molesta. Elenita presiona algunas teclas de su acordeón. Tambalea el busto del fundador. Bienvenida asoma la cabeza. Vuelve a esconderse. Se oyen cuchicheos mezclados con risitas contenidas. Entre sombras, un hombre escapa por la puerta trasera. Bienvenida sale del escondite. Se arregla el peinado y el vestido.

AGNES. -¡Bienvenida!. ¿Le parece el momento?.

BIENVENIDA. -Estaba repasando un página gloriosa de la historia de la civilización.

AGNES. -¿¡Y qué parte!?.

ELENITA. -La parte en que se planta el mojón.

BIENVENIDA. -Algo así como la piedra fundacional.

AGNES. -¡A los pies de papá y poniendo en riesgo su integridad!.

BIENVENIDA. -Un humilde homenaje.

AGNES. -Mientras usted juega a los indios y a los colonizadores, afuera pasa de todo.

BIENVENIDA. – (Burlona) ¿Otra fiestita patria?

AGNES. –(Llorosa) Con banda y todo.

ELENITA. -Lameculos.

Desde afuera llegan los acordes de una polka lejana. Elenita se acopla a ella con su acordeón. Entremezclados se oyen los anuncios del acto en el museo de las legitimas. Agnes solloza. Bienvenida las observa. Finalmente golpea las manos y las atrae.

BIENVENIDA. -¡Vamos a leer los párrafos memorables de las cartas de papá a plena luz del día!

AGNES. -¡Otra vez!.

BIENVENIDA. -Hemos sido censuradas, Agnes. ¡Si no podemos hacer uso de la prensa local, vamos a copar la plaza central! Lo tengo todo pensado y organizado. (Señala a Agnes) Usted hará la presentación…

AGNES. –(Atemorizada) ¿Por qué yo?

BIENVENIDA. -Es su gran oportunidad. Sería algo así como la maestra de ceremonias. Unos pasos más atrás, Helene y su acordeón. Hay que elegir muy bien las piezas musicales. Una polquita o un chotis para los pasajes eróticos, un valseado para los románticos. ¿De acuerdo? (Elenita se alza de hombros) Bien. Damos por sentado que yo voy a leer las cartas. Mis condiciones histriónicas no admiten cuestionamientos, ¿no?  Perfecto. Entonces, lunes y jueves las que le escribió a mi madre. Son las más ardientes. Miércoles, las de su mamá, Agnes. Cuando las traiga. Son las más formales y como los miércoles son días insulsos, mitad de la semana, ni una cosa ni la otra, me parece coherente. Los martes y viernes… (Ríe) Su madre no se quedaba atrás, Helene. Una verdadera acróbata. ¡Martes y viernes van las suyas! (Pausa. Pensativa) Para los domingos pensé en algo más… 

AGNES. -¡No!. ¡Los domingos, no!.

BIENVENIDA. – ¡Después de misa tenemos a todo el pueblo reunido!

Agnes niega con la cabeza y se aleja llorosa. Elenita toma del brazo a bienvenida y la lleva a un rincón.

ELENITA. -O nos ponemos en acción o me vuelvo al campo con la peonada.

BIENVENIDA. -¿Lo de la plaza no le gustó?

ELENITA. -Mire, eso de que yo no soy más “la Elenita” y ahora soy “He – le – ne” vaya y pase. ¡Pero basta de toda esa pavada de la estatua y las cartas!

BIENVENIDA. -¡Un momentito, Helene!. El monumento de papá es un icono de nuestra historia cultural y política, y las misivas no son otra cosa que su fiel reflejo.

ELENITA. -¡Se te desbocaron los caballos, mestiza!.

BIENVENIDA. -No se tome confianzas que no le di.

ELENITA. -Yo tengo 3º grado, pero no me chupo el dedo. El que la viene a “civilizar” nos va a traer problemas. ¿Qué anda buscando?

BIENVENIDA. – Un descendiente.

ELENITA. -¿Otro bastardo?.

BIENVENIDA. -Hay que ganarles de mano.

ELENITA. -Yo me voy.

Se va hacia la salida. Bombas de estruendo. Agnes corre hacia la ventana. El viento trae retazos de la marcha del fundador.

AGNES. -¡Se largaron con todo!. ¿Qué hacemos?

Elenita vuelve y enfrenta a bienvenida.

ELENITA. -¿¡Y!?.

Pausa. Se miran. Respiran con fuerza.

BIENVENIDA. – Hay que proceder.

AGNES. -¿¡Proceder!?.

Bienvenida busca un arma y se la da a Elenita. Ella asiente y enciende otro cigarrillo.

BIENVENIDA. -¡A la cacería!

Elenita sale con paso seguro. Agnes la persigue como queriendo detenerla.

BIENVENIDA. -¡Agnes! Mañana vas a ser una Baungartner.

Agnes se detiene. Se escuchan ráfagas de una polka lejana mezclada con la marcha del fundador.

AGNES. -Cuando pregunté quién era mi padre, mi mamá me dijo que era hija del espíritu santo. “¿Y ese señor dónde vive?”. “En las alturas”, me contestó. Cuando me preguntaban por él yo decía que se llamaba Espíritu Santo y que vivía en las montañas. (Pausa) Cuando ella murió supe la verdad. Lo veía en los actos públicos. Era tan alto. Se perdía entre las nubes. Siempre fue inalcanzable para mí.

Bienvenida y Agnes se abrazan.

ESCENA V

MUSEO DE LAS LEGITIMAS

Klaudina acomoda herraduras sobre un tablón. Bomba de estruendo.

MARGRITH. –(Desde afuera) Cada cinco minutos, una descarga. Cuando les hago la señal largan con el himno en honor al fundador. Lo repiten las veces que sean necesarias, mientras la gente va entrando. (Entra. A Klaudina) Te parás acá y les vas colocando en el pecho a cada uno las cintitas con los colores del escudo familiar. ¿Entendido? (Ella asiente) ¿Anselmo no llegó?

KLAUDINA. -Hace como una hora lo vi.

MARGRITH. -Y no me avisaste.

KLAUDINA. -Usted estaba ensayando la “Oda al Fundador” con el coro comunal. Se fue apuradísimo.

MARGRITH. -¿En qué dirección?

KLAUDINA. -Para allá, como siempre.

MARGRITH. –(Respira hondo. Contiene las lagrimas) ¡Ese mal nacido!. No se deja de «joder» con esa negrita!. ¡Yo le purifiqué la sangre y me paga de esa manera!.  Peoncito de campo, cortador de cardos, boyerito… ¡Ingrato! ¡Va a volver a pisar bosta en cualquier momento!. ¡No tiene respeto por el apellido que lleva!

KLAUDINA. -¿Qué apellido?

MARGRITH. -¡El mío!. ¿Cuál va a ser? ¡Cómo si su apellido importa algo en este pueblo! ¡Se casó con la Baungartner, carajo!

KLAUDINA. -¡Y dejeló! ¿Para qué le sirve un hombre así? ¡Un traicionero!…

MARGRITH. -Lo necesito.

KLAUDINA. -¿Para?

MARGRITH. –(Coloca una mano sobre su vientre) La paternidad.

KLAUDINA. -¿¡Está embarazada!?

MARGRITH. -(Triste) Todavía no.

KLAUDINA. -¡Ve!.  ¡Abandónelo! Usted tiene lo más importante, el apellido. Un hijo se lo puede dar cualquier otro. Yo le consigo, si quiere. Nada más para el apareamiento, digo.

MARGRITH. -¡Calláte, chambona!. ¡Como si fuera tan fácil encontrar un hombre en este pueblo!. La mayoría tiene más de ochenta y los solteros: Alois, Wendelino, Bernardo, Josep… ya los probé.

KLAUDINA. –(Levanta el puño en alto) No me diga que no…

MARGRITH. -El acto se consuma perfectamente. Pero yo sigo igual…vacía.

KLAUDINA. -¿Y lo intentó lo suficiente?.

MARGRITH. –(Resoplando) Todas las necesarias.

KLAUDINA. -¡Y éntrele a los casados, entonces!

MARGRITH. –(Tímidamente) En eso estoy.

KLAUDINA. –(La abraza) ¡Fuerza Doña Margrith!. ¡No se me caiga! (Pausa) ¿Y al Anselmo para qué lo quiere?

MARGRITH. -¡Mirá que sos cabezona!. ¡La hija legítima del fundador no puede criar un ilegítimo!.

KLAUDINA. -¡Ahh…!. (Pausa) Pero el crío va a llevar el apellido de su marido.

MARGRITH. -Se llamará Paul Bamatter Baungartner II.

KLAUDINA. -¡Qué buen título para la página de sociales!.

Margrith palmea a Klaudina en la espalda. Toma un arma y se la entrega.

MARGRITH. -Quedás encargada del museo. Si entra una de ellas le apuntás a las piernas. No la mates. Estropéala nomás.

KLAUDINA. –(Sostiene el arma temblorosa)  ¿¡Se va!?. En menos de una hora empieza el acto.

MARGRITH. -Me llama el deber.  Vamos a ver si esta vez prende la semillita.

KLAUDINA. -Lo suyo es un apostolado, doña. Que tenga suerte. Vaya tranquila, yo me encargo.

Margrith sale. Klaudina se para en guardia frente a la estatua.

ESCENA VI

MUSEO DE LAS BASTARDAS

Agnes camina por el lugar. Bienvenida se arregla el maquillaje. Desde afuera se oyen ruidos extraños. Entra Elenita y trae a empujones a Margrith. Esta lleva las manos atadas en la espalda y una mordaza en la boca. Se resiste. Elenita la empuja y Margrith cae. Elenita pone un pie sobre ella y posa como un cazador orgulloso de su presa. En la mano derecha la escopeta.

ELENITA. -¿¡Y!? ¿Qué me dicen?

Bienvenida camina hacia Margrith. Se inclina apenas y le acaricia la cabeza. Agnes avanza insegura y reprime un llanto.

ELENITA. –(Enciende un cigarrillo) Más fácil que cazar una bandurria.  Lo mío fue un ataque sorpresivo. La que estaba distraída era ella. (RIE) ¡Con el Juez atrás de la capillita ardiente!.

BIENVENIDA. –(Burlona) Qué feo eso, “Margarita”…

AGNES. –(Atemorizada) ¡Devuélvala, Elenita! Llévesela.

ELENITA. -Son órdenes de la mestiza. ¡Y no me llame Elenita!

BIENVENIDA. –(A Agnes) ¡No me afloje ahora!.

AGNES. -Despacito. Sin maltratos.

ELENITA. -Pensar que esta yegua nació entre sábanas blancas. (Le agarra la cara a Margrith) Mi madre tuvo que parir en el medio del campo. Diga que la ayudó la peonada. Pero acá me tienen. ¡Fuerte como una potranca! (Le pega un cachetazo) Un día me pusieron un vestido nuevo y me llevaron a la plaza. “Ese que está entre el Juez y el Comisario, es tu papá. Él lo sabe pero se desentiende. Andá y pedile lo que quieras. Hoy cumplís 15”, me dijo mi mamá. Yo me acerqué y le dije: “me gustaría tener una acordeón”.Él me puso una mano en los hombros y dijo: “Como no, Helene”. Era la primera vez que me decían “Helene”. Mi mamá siempre me llamó Elenita. (Pausa) Al día siguiente lo tuve…. al acordeón….  

AGNES. -¡Sin resentimientos!.

ELENITA. -¡Qué!. ¿Le agarró el amor de hermana? (Margrith se mueve) ¡Miren que linda la Margarita! Se retuerce como una yarará. (Ríe) ¡Bueno! Sigamos con el plan.

AGNES. -(Lloriquea) Mejor lo dejamos acá.

ELENITA. –(Apunta con el arma a Agnes) ¡Me está poniendo nerviosa!. ¿Está con nosotras o qué?. (Agnes asiente) ¡Bueno, entonces! Traiga papel y lápiz. (Agnes corre a buscarlo. A bienvenida) ¿A quién le dirigimos el pedido? ¿A la madre, a la Klaudina, o al marido?.

BIENVENIDA. -¿La querrán devuelta?. Una de esas le hicimos un favor a la familia.

ELENITA. -(Le entrega el arma a bienvenida) Apúntele que yo escribo.

AGNES. -¿¡Usted!?.

ELENITA. -Sí. ¿Por?

AGNES. –(Titubeando) “Beni” tiene mejor caligrafía.

ELENITA. -¿Y a mí qué?. Con que se entienda está bien. Para eso fui hasta tercero. ¿O qué? ¿Siempre tengo que hacer el trabajo sucio, yo?

BIENVENIDA. -¡Adelante, hermana!. ¡Libere de una vez esa muñeca endemoniada que tiene!

ELENITA. -¡Vos sí que hablás lindo!. Gracias. Se la vamos a mandar a la madre. (Las mujeres asienten. Escribe) “Señora Baungartner” (Las mira. Asienten nuevamente) “Tenemos a la zorra”.

AGNES.  -No va a entender “zorra”. Escriba “a su querida hija Margrith”

ELENITA. -(La mira. Tacha. Escribe) “Tenemos a Margarita, la zorra. Si la quiere ver con vida” …. (Agnes ahoga un sollozo) “queremos que nos dean”…

BIENVENIDA. -Den.

ELENITA. -¿Eh?.

BIENVENIDA. -Déjelo así. Es lo mismo.

ELENITA. -Entonces sigo. “Primero”… (Levanta la vista. Las mira)

AGNES. –(Tímidamente) Podría ser lo del testamento…

ELENITA. -¡Eso!. Lo del testamento. (Escribe)  “Queremos que nos “dean” el testamento donde Paul Baungartner, nuestro padre,   nos reconoce como sus hijas y nos da la parte de la herencia” Se dice así “Beni”, ¿no?. (Bienvenida asiente. Elenita le pega un castañazo a Margrith) Sabemos lo del testamento. La vieja lo tiene bien guardado. (Escribe) “Segundo: que nos entreguen la estatua del fundador” (Agnes asiente entusiasmada) Tercero… Es un pedido personal, si me dejan…

AGNES. -Pida, pida. Yo después voy con el mío.

ELENITA. -(Escribe) “Quiero tocar en la banda comunal, aunque sea mujer”…

AGNES. -¡A una legítima nada se le niega!. (Se acerca a Margrith y la patea) Siempre me despreciaste. No querías jugar conmigo. Me hacías a un lado. (Toma aire)  “Cuarto: Agnes quiere la presidencia de la comisión de festejos”.  Es mi sueño de toda la vida. Estoy cansada de la carnicería. Tantos años entre achuras y vacío. Ya me tiembla el pulso. Cualquier día de estos me corto un dedo…

ELENITA. -¿Usted, “Beni”, no desea nada?.

BIENVENIDA. -(Ríe) Hace años que perdí el deseo. (Apunta a la cabeza de Margrith) ¿No, hermanita?

AGNES. -¡No la mates!. ¡Es una mala mujer, pero es nuestra propia sangre!

BIENVENIDA. –(Irónica) ¿Qué dice la legítima? ¿Somos o no somos la misma sangre?

Margrith se retuerce.

BIENVENIDA. -Dice que no.

AGNES: (Llorando) Dice que sí. Dice que sí. ¡Por favor, Margrith!. La va a matar. ¡Qué le cuesta! No sea orgullosa…

ELENITA. -(Le sacude la cabeza a Margrith) ¡Pedí perdón!. ¡Pedí perdón! ¡O querés que “haigan” más problemas!

AGNES. -¡Hayan!

ELENITA. -¿Qué?

Bienvenida gira intempestivamente. Apunta al busto de Baungartner y de un certero disparo le arranca la cabeza. Luego apunta a Elenita y Agnes.

BIENVENIDA. –(Histérica) ¡Fuera de acá! ¡Fuera! (Las mujeres retroceden) ¡Afuera o la mato ahora mismo! (Agnes y Elenita salen sin darle la espalda. Bienvenida se sienta frente a Margrith) Ahora vamos a aclarar algunas cosas vos y yo.

ESCENA VII

MUSEO DE LAS LEGITIMAS

Desde afuera se escucha a la banda tocando. Bombas de estruendo. Klaudina mira el recinto y da retoques finales. La banda deja de tocar. Se oyen murmullos. Entra Agnes. En su mano un papel que sacude como si fuera el paño blanco de la paz. Cuando Klaudina lo advierte toma el arma y le apunta. La banda vuelve a tocar.

KLAUDINA. -¡Alto o es cadáver!.

AGNES. –(Impostada) ¡Baje eso!

KLAUDINA. –(Grita) ¡Ayuda! ¡Una impura invade territorio legítimo!

AGNES. -¡Silencio!. La situación la controlamos nosotras.

KLAUDINA. -La que tiene el arma soy yo.

AGNES. –(Sacude el papel) Pero yo tengo esto.

KLAUDINA. -¿Y qué va a hacer con ese papelito cuando le meta un plomazo en la rodilla?. Son unas ridículas.

AGNES. -No se burle, Klaudina.

KLAUDINA. -¡Suelte esa inmundicia!. (Agnes deja caer el papel) Es otra de esas asquerosas cartas, ¿no?

AGNES. -No. No es. Mire que Bienvenida está muy nerviosa.

KLAUDINA. -Mire que la dejo renga para el resto de su vida.

AGNES. -Le digo que Bienvenida se descontroló.

Klaudina dispara a la pierna de Agnes. Esta suelta un grito ahogado y cae. La banda deja de tocar. Klaudina se acerca a inspeccionarla.

KLAUDINA. -Quieta o la emparejo.

Klaudina va hacia la puerta. Agnes lloriquea y se retuerce.

KLAUDINA. -(Grita hacia fuera) ¡Toquen!.  ¡Hay fiesta en Saint Paul!. (Dispara al aire)  ¡Una baja en el enemigo!. ¡La batalla final se acerca y seremos las vencedoras! ¿Y las bombas de estruendo? (Dispara nuevamente al aire. Se escucha una bomba de estruendo) Así me gusta.

La banda vuelve a tocar. Entra Elenita y se choca con Klaudina. Mira para todos lados y descubre a Agnes en el suelo.

ELENITA. -¿Qué hizo con el petitorio?. ¡A la vieja se lo tenía que dar! ¿Qué hace ahí echada como una vaca? Inútil.

AGNES. -Me disparó.

KLAUDINA. -¡Esto es un copamiento!.

ELENITA. -¡Calláte rata!. Apenas sos una colateral en cuarto grado.

KLAUDINA. -¿¡Qué dijo!?.

ELENITA. -¡Colateral!.

KLAUDINA. -Bastarda.

ELENITA. -Línea recta descendente en primer grado. Desplaza a los colaterales. (A Agnes) ¿Lo dije bien, no?

KLAUDINA. -¡Sí, claro! Los consanguíneos legítimos desplazan. No, los biológicos ilegítimos.

ELENITA. –(A Agnes) ¡Deme letra!.

AGNES. -Mi pierna…me duele…

Se acercan a Agnes. La inspeccionan.

KLAUDINA. -Es un rasguño.

ELENITA. -Con un bastón se arregla. (A Klaudina) Te aprovechas de esta infeliz… (Klaudina le apunta. Elenita avanza) ¡Largá el arma, si sos valiente! Te agarro y te tuerzo el cogote como a los pollos. Tengo práctica. El domingo pasado maté 50.

AGNES. -¡Para la cena a beneficio de la parroquia!

KLAUDINA. –(Temblorosa) No se haga la corajuda conmigo.

ELENITA. –(Enciende un cigarrillo. Segura) Tenemos a la Margarita.

AGNES. -La tenemos.

KLAUDINA. -¡Mentira! La doña está en una reunión con un funcionario local de alto rango.

ELENITA. -Se ve que el funcionario tiene un “gran rango” porque ella estaba a los gritos pelados.

ADELA. -¡Elenita!. No sea irrespetuosa.

ELENITA. -¡No me diga Elenita delante de ella!

KLAUDINA. –(Incomoda) No se de que hablan.

ELENITA. -¡Que estaba a los corcoveos  con el Juez de Paz!. Le costaba domarla, al petiso. Es brava la Margarita….

AGNES. –(A Klaudina) A ella la criaron los peones.

KLAUDINA. -No parece hija del ilustre.

ELENITA. -¡Andá a la mierda!

La banda deja de tocar nuevamente.

KLAUDINA. -¿¡Y ahora qué pasó!? ¡No puedo sola con todo! ¡Ojito ustedes! (Sacude el arma y hace ostentación)

Klaudina sale. Elenita ayuda a Agnes a pararse. Busca una herradura y se la da.

ELENITA. -Cuando entre, yo la atrapo como a los novillos cuando los van a castrar y usted le da con esto.

AGNES. -No voy a poder.

ELENITA. -Si puede carnear vacas y despanzurrar chanchos, puede hacer esto.

AGNES. -Es distinto, Elenita.

ELENITA. -¡Piense en el poder que va a tener cuando maneje la Comisión de Festejos! (Agnes toma aire) ¡Eso, señora presidenta!

Las dos están en guardia. Escuchan el llanto de Klaudina y murmullo de la gente. Se relajan. Entra Klaudina.

KLAUDINA. -¡Se murió!

ELENITA. -¿Quién?

KLAUDINA. -Doña María. La madre de doña Margrith.

ELENITA. –(Ríe) ¡Por fin estiró la pata esa vaca vieja!

KLAUDINA. -¡No se ría de nuestros muertos!

AGNES. –(A Elenita) ¡Más respeto!

KLAUDINA. -La gente está nerviosa. Rara. No saben que hacer. ¿Estamos de duelo o seguimos con los festejos? (Para si) ¡Este mes sí que “El Colonizador” va dar que hablar! (Desde afuera mas gritos. Mira el lugar) Tan lindo que había quedado. A Doña María la vamos a velar aquí, al pie del ilustre. ¡Ustedes no están invitadas! (Elenita y Agnes se alzan de hombros. Aprovechando la distracción de Klaudina intentan ir hacia la puerta) Setenta y dos horas de velorio antes de la sagrada sepultura, como lo establece la ordenanza. Las leyes ante todo, como dice Doña Margrith. ¡Cómo la necesito! (Apunta a las mujeres con el arma) ¡Alto ahí! ¿¡Adónde la tienen!?

AGNES. -En nuestro museo.

Elenita le pega un codazo. Golpean la puerta. Gritos.

KLAUDINA. -¡Pero ya no hay respeto por nada!

Klaudina sale. Elenita y Agnes la siguen con curiosidad. Mas golpes. Gritos. Luego de unos segundos retornan. Tienen el cabello revuelto y los vestidos desgarrados.

ELENITA. -¡Lo parió!

KLAUDINA. -¡Están hasta los bomberos voluntarios!

ELENITA. -Me tocaron el culo. El menor de los “Yappert”. Es lo que yo digo: mucho título, mucho doctor… ¡Una familia de degenerados!

AGNES. -¡Dicen cosas horribles!. (Pausa) Me pareció verlo a Anselmito.

Elenita y Klaudina la miran con suspicacia.

ELENITA. -¡Anselmito!. ¡Cuánta confianza con el cuñado!.

AGNES. –(Sonrojada) Así le decíamos cuando era chico. Anselmito…Mito…

KLAUDINA. –(Socarrona) Mitito… ¿Mititito?…

AGNES. –(Llorosa) ¡No me hagan burla!. (Vengativa) Si yo hablo ustedes van presas.

ELENITA. -¿¡Qué tenés que decir de mí!?.

AGNES. –(Envalentonada) La otra noche te vi. Estaban apretaditos como chorizo en grasa.

KLAUDINA. -¿¡Con quién!?

ELENITA. -¿Y a vos quién te dio vela en este entierro?.

Elenita empuja a Klaudina. Agnes se interpone y Elenita también la empuja. Se dan manotazos. Golpean la puerta con fuerza. Parece a punto de caer. Las mujeres se paralizan.

KLAUDINA. – ¡Esto se pone serio! ¡Por la puerta de atrás! ¡Rajemos!

AGNES. -¡La estatua!. ¡Hay que salvarla!

ELENITA. -¡Eso, la estatua!. (Elenita y Klaudina trasladan la estatua hasta la puerta). ¿Así que el Anselmo estaba entre los revoltosos?…

AGNES. -¡Con cuidado!. Pobre papá querido…

Elenita agarra del brazo a Agnes y salen las tres por atrás. La puerta finalmente cede cayendo la estatua. Griteríos  y disparos.

ESCENA VIII

MUSEO DE LAS ILEGÍTIMAS

Margrith esta amordazada y atada a una silla. Bienvenida sentada sobre un baúl. Enfrente de ella otro baúl abierto. Saca cartas. Las mira y las tira. El arma descansa a su lado.

BIENVENIDA. -Hay una fechada dos semanas antes de morir. Me gustaría leértela. Ya estaba viejo y cansado. (Ríe) ¿Qué hubiera escrito sobre este encuentro?… ¿Tenés recuerdos de él? (Pausa. Margrith inmutable) Nos visitaba los domingos a la siesta. Se sentaba en la galería y mamá corría todo el tiempo para atenderlo. Yo lo miraba desde lejos. Me daba impresión. Sus manos. Tan grandes y pálidas. ¿Eran suaves? “Andá a juntar los huevos”, me decía ella mientras se metían en la casa. “No te olvides de la ponedora esa que anida en el montecito”. Yo me olvidaba o me hacía la que me olvidaba. Quería volver rápido. Me gustaba verla aparecer. La cara enrojecida y los cabellos negros revueltos. Y esa sonrisa que se le borró cuando él ya no volvió. Al final se murió de la tristeza. Que paradoja… la tristeza es una enfermedad de los gringos, no de los nativos….

Margrith patalea. Bienvenida le quita la mordaza.

MARGRITH. – ¡Estás desestabilizando las instituciones!

BIENVENIDA. -Estoy recordando a papá.

MARGRITH. -Su lado oscuro.

BIENVENIDA. -Su lado humano.

MARGRITH. -Su exacerbada humanidad.

BIENVENIDA. -Esa carta tal vez te conmueva. (Margrith inmutable. Bienvenida ríe) ¡Dura como una piedra, la gringa! (Pausa) Estoy embarazada. (Margrith ríe histérica) De Anselmo.

Pausa. Se miran con fiereza.

MARGRITH. -Puta.

BIENVENIDA. -Pobre Margarita. Estás deshojada.

MARGRITH. -¡Dame ese hijo, yo te doy a Anselmo!

BIENVENIDA. -Manotazo de ahogado.

MARGRITH. –(Soberbia) El me eligió.

BIENVENIDA. -Se deslumbró con el apellido. (Para si) Un hombre sin principios.

MARGRITH. -El matrimonio es una institución sagrada.

BIENVENIDA. -Siempre te importaron más las instituciones.

MARGRITH. -Es mi obligación.

BIENVENIDA. -Éramos adolescentes enamoradas. (Ríe) ¡Comprometimos a todo el pueblo! (Pausa) Tenías ventajas y supiste usarlas. El problema es que después te lo creíste. (Suspira) Qué linda estabas en la iglesia… Yo me fui antes que dieras el sí…

Se escuchan disparos. Corridas. Gritos. Bienvenida se acerca a Margrith. Toma el arma y se pone en guardia. Entra Elenita sosteniendo a Agnes. Esta renguea y lleva atado un pañuelo en la rodilla. Finalmente entra Klaudina con su arma. Cierra la puerta. Están agitadas y asustadas. Bienvenida apunta a Klaudina.

KLAUDINA. -Guardemos las municiones para defendernos.

AGNES. -El pueblo se sublevó.

BIENVENIDA. -¿¡Tomaron las armas!?

ELENITA. -¡Nos quieren linchar!

KLAUDINA. -Se apoderaron de nuestro museo y vienen por este.

AGNES. –(Lloriqueando) ¡Destruyeron la estatua! ¡Pobre papá, todo descuartizado!

ELENITA. -¡Nos salvó la vida!.

MARGRITH. –(Forcejeando con las ataduras) ¡Déjenme a mí!. ¡Yo los pongo en vereda en un santiamén!

ELENITA. -¡No te hagas la chúcara, que la cosa pinta fulera!

KLAUDINA. -Dicen que nosotras durante años disfrutamos del privilegio de ser descendientes del fundador. Que eso se terminó. Que legítimas de día y bastardas de noche no va más. Palabras textuales de Mercedes, la modista. Están hartos de las conmemoraciones, actos populares, fiestas alusivas, lecturas de cartas…

ELENITA. -Odian el himno al fundador. El que escribiste vos Margarita con música del maestro Valentín Felley. Ese himno es una mierda. Eso te lo digo yo. Los muchachos de la banda se niegan a interpretarlo nuevamente. La esposa del Juez me dijo que te metas en el culo las cintitas con los colores del escudo familiar. Que no le combina con las telas que se compró en la capital. Bueno, no lo dijo así. Pero era lo que quería decir.

KLAUDINA. -También dicen que Don Paul era un promiscuo, un pervertido. Eso lo dice la solterona, la que vive atrás de la iglesia. De resentida debe ser.

MARGRITH. -¡Qué vergüenza!.

AGNES. -¡Y qué mal hablados!. Reclaman igualdad de derechos. Parece que todos son Baugartner o eso pretenden. Allois Wellig sostiene que es pariente colateral en 5º grado. El Dr. Yappert dice que es descendiente en 2º grado por línea materna…

BIENVENIDA. -Nieto.

MARGRITH. -¿Yappert, mi sobrino?. ¡Esto es un bochorno! ¡Culpa de ustedes! ¡Bastardas desgraciadas!

ELENITA. -¡Yo la mato!. ¡Con las ganas que le tengo! (Toma del cuello a Margrith) ¡Vieja puta! ¡Vos empezaste esta guerra!

Las mujeres agarran a Elenita. Empiezan a pelearse todas contra todas. Caen al suelo. Margrith logra soltarse y se suma a la trifulca. Suenan campanas.

MARGRITH. -¡Campanas de muerto!

KLAUDINA. -¡Ah, sí!. ¡Como si fuera poco falleció su madre!

Margrith trastabilla y cae. Agnes se acerca a socorrerla

AGNES. -¡Qué brutalidad!. ¡Tremenda noticia! (La apantalla con la mano) Respire conmigo. Un, dos, tres y largue. (Margrith esta pálida. Inmutable. Agnes palmea su espalda) ¡Largue el aire y el sentimiento!… Le voy a hacer unos masajes…

MARGRITH. -¡Pero déjeme! ¡Suelte! Tengo que recuperar el testamento antes que la chusma saquee mi casa.

AGNES. –(Tímidamente) La pateó un caballo.

ELENITA. -Lo del testamento está bien. Nos beneficia a todas.

MARGRITH. – A todas no. A mí. Única heredera.

BIENVENIDA. -Te olvidás de Anselmo. Él vale la mitad de la herencia.

MARGRITH. -A ese te lo regalo.

BIENVENIDA. -No se regala lo que no se tiene.

Margrith  toma el arma de Klaudina y apunta a Bienvenida. Elenita apunta a Margrith.

MARGRITH. –(A Bienvenida) ¡Te querés quedar con todo!, ¿eh?. (Pausa. Maliciosa) Las manos de papá, para que lo sepas, eran ásperas y pesadas. Todos los días después de comer nos íbamos al patio y yo elegía la naranja en la rama más alta y él la bajaba para mí. Eso nunca lo vas a tener. Ni ustedes. (Pausa. Se miran fieramente) Ese hijo no te salva. ¡Infeliz!

ELENITA. –(A Bienvenida) ¿¡Qué!? ¿Qué hijo? ¿A vos también te embarazó?

MARGRITH. -¿¡También!?

ELENITA. -¡El me buscó! ¡El que me busca me encuentra!

KLAUDINA. -Y yo hace varios días que sufro de mareos y vómitos.

AGNES. -Estoy de tres meses.

MARGRITH. -¡Todas menos yo!

ELENITA. –(Ríe) Mirá el Anselmo. Con esa cara de carpincho que tiene. ¡Nos llenó a todas menos a la legítima!

BIENVENIDA. -¡Mal bicho! (Le manotea el arma a Elenita y va hacia la puerta) ¡Ese no hace más hijos! ¡Por la memoria de papá!

Desde afuera llega el griterío del pueblo. Golpean la puerta.

ELENITA. -¡Aflojá el tranco, mestiza! ¡Está fiera enserio la cosa!

Bienvenida se detiene. Apunta hacia la puerta.

KLAUDINA. -¡Tenemos que unirnos!.

AGNES. -Como hermanas que somos.

ELENITA. -Pienso sí.

KLAUDINA. -¡Este es el momento!

MARGRITH, –(A Klaudina) Mejor calláte, traicionera. De ellas esperaba cualquier cosa. Pero de vos…

KLAUDINA. -¡Es que su marido es un seductor! Yo me negaba, pero el insistía. Es muy insistidor. No me aguanté. (Margrith se abalanza sobre ella y la toma de los cabellos) ¡Suelte, doña!…

Mas golpes en la puerta. Gritos de gente enfurecida. Bienvenida dispara al aire. Las mujeres se paralizan. Silencio.

BIENVENIDA. -Tenemos una vida para el reproche. ¡Afuera está lo urgente! Acá, nuestras miserias. Ya ni siquiera se trata de una historia de amor. Hace años por lo menos sonaba romántico. Ahora se trata de seguir viviendo en nuestro pueblo.

Siguen los griteríos y los golpes.

MARGRITH. -Deben tener un líder. Alguien los azuzó. Un pueblo no se levanta contra las instituciones así porque sí de un día para el otro.

BIENVENIDA. -Tarde o temprano se iban a dar cuenta. Se te fue un poquito la mano.

MARGRITH. -¡Lo de las cartas fue vergonzoso!

BIENVENIDA. -Por lo menos son reales. Existen. (Pausa) ¡Pero lo del cruce de Los Andes! ¡Margrith!…

MARGRITH. -Papá me contaba esa historia antes de dormir.

BIENVENIDA. -Era su fantasía.

KLAUDINA. -¿Don Paul no fue un héroe?

BIENVENIDA. -Historias para impresionar a Anselmo.

MARGRITH. -Y a un pueblo fácilmente impresionable.

KLAUDINA. -¡Qué desilusión! No somos nada.

Repentinamente la muchedumbre se calma. Cesan los griteríos y los golpes.

VOZ DE HOMBRE. – “Tenemos a la esposa del fundador. Si no salen en cinco minutos se la tiramos a los perros. Exigimos diálogo”.

MARGRITH. -¡Tienen el cadáver de mamá! ¡Qué profanación!

BIENVENIDA. -Es él.

VOZ DE HOMBRE. -Margrith y Bienvenida. A ustedes les hablo. (Pausa) ¡Facinerosas! ¡Aprovechadoras! ¡Ventajeras! ¡Devuélvanle su dignidad al pueblo!

ELENITA. -¡Qué hijo de puta! ¡Nos tiró la gente en contra!

AGNES. -¡Ese hombre no tiene moral!

KLAUDINA. -¡Tan buen mozo y tan porquería!

Margrith y Bienvenida se miran. Silencio.

BIENVENIDA. -¿Lo amás?

MARGRITH. -No. ¿Y vos?

BIENVENIDA. -Ya no. ¿Lo odiás?

MARGRITH. -Tampoco. ¿Y vos?

BIENVENIDA. -No siento nada.

MARGRITH. -Nada.

BIENVENIDA. -Entonces somos fuertes.

MARGRITH. -Sí. Fuertes.

Las dos salen con paso decidido.

ESCENA IX

MUSEO DE LAS LEGITIMAS

Desde afuera se escucha a la banda interpretando una polka. Margrith, bienvenida, Elenita y Agnes rodean a la estatua que fue evidentemente rearmada. La cabeza pegada al tronco. Un brazo mas largo que el otro y las piernas mas cortas. Todas, excepto Margrith, ostentan sus panzas de embarazadas.

MARGRITH. -Se hizo lo que se pudo.

AGNES. -Quedó celestial.

BIENVENIDA.  -Convengamos que su porte de varón está un poco desdibujado.

ELENITA. -Con una blanqueada de cal queda como nueva.

Se oyen campanas. Entra Klaudina apresuradamente. También es notorio su embarazo. Lleva en su manos un ejemplar de “el colonizador”

KLAUDINA. -Terminó la misa. En un rato están acá.

BIENVENIDA. -¿El cura viene?

AGNES. -Pobre padrecito. Le costó entender.

MARGRITH. -No le queda otra. Fue parte del acuerdo.

KLAUDINA. -¡Está incluido en la programación!  (Sacude el diario y lo abre en la página central) ¡Segunda edición! ¡Se vendió como nunca! Escuchen. 11 horas: Reinauguración del museo unificado “Las hijas de Baungartner”. Se escucharán las estrofas del himno al fundador. Palabras alusivas a cargo de Agnes Baungartner, flamante presidenta de la Comisión de Festejos. Ofrenda floral al pie de la estatua. ¡Y bendición de los descendientes del fundador a cargo del Reverendo Juan Hischier! (Pausa) No puede fallar.

ELENITA. –(Le manotea el diario) 12 horas: almuerzo en el Club Atlético Anselmo Bamatter. ¡Se me retuercen las tripas! Yo entiendo que había que hacer un trato. ¡Pero es demasiado! ¡Nos puso el pueblo en contra, se llevó la plata de la herencia y no se hace cargo de sus hijos! ¡Encima que el club lleve su nombre!

BIENVENIDA. -Lo hizo para molestarnos nada más.

MARGRITH. -Por suerte se fue del pueblo.

KLAUDINA. -Sí, con la hermana menor de Allois Wellig. ¿Qué le vió? Si parece un tero.

MARGRITH. -Me pienso meter en la comisión directiva. En unos meses ese club cambia de nombre. Se los prometo. (Le saca el diario a Elenita y lee) Menú: asado con ensaladas varias y postre. Bebida aparte. Asador encargado: Jacinto Sánchez.

AGNES. -Él pidió lo suyo.

MARGRITH. -(Seca) De alguna manera había que integrarlo.

BIENVENIDA. -Estaba de nuestro lado.

ELENITA. -¿Y la viuda Stirnemann le prende el fuego?

Todas ríen.

AGNES. -¡La carrera de embolsados es el gran acontecimiento!. Hay apuestas y todo. (Susurra) El comisario se negaba a incluirlo entre los eventos. Pero presioné hasta el final. Tiene miedo que haya algún altercado entre los competidores.

BIENVENIDA. -Yo hubiese preferido un torneo de tiro al blanco. Tiene más clase.

ELENITA. -¡No!. ¡Eso es muy aburrido! El “colorado Ambort” se la tiene jurada al Maestro Felley. Lo desafió en público.

AGNES. -Parece que el año pasado la bolsa del Maestro era más grande que la reglamentaria y eso le permitía un mejor desplazamiento. Don Ambort dice que fue así que le ganó. ¡Yo no me lo pierdo!

BIENVENIDA. –(Palmea la espalda de Elenita) ¡Así que hoy debutás!

ELENITA. -A las 15.

KLAUDINA. -¡Gran «show» musical a cargo del cuarteto “Los hijos del Dr. Yappert” con la participación especial de Elenita Baungartner en acordeón y voz!

Elenita se alza de hombros.

BIENVENIDA. -Es lo que pudimos negociar. Lo de la Banda Comunal por ahora es imposible. El pueblo no está preparado para eso.

ELENITA. -Me voy a mandar un “solo” que los voy a dejar mudos. ¿Al final dónde tocamos? En el club o en la…

MARGRITH. –(Agria) En la plaza central “Ulrico Legger” (Pausa. Fastidio general) El viejo en cualquier momento se muere. Renegociamos con los parientes y la plaza vuelve a llamarse “Paul Baungartner”.

Todas asienten.

AGNES. -¿Quién tiene el listado con las candidatas a reina?

KLAUDINA. -La presidenta del jurado.

BIENVENIDA. –(Burlona) Doña Ofelia Soldati de Bachmann.

ELENITA. -La esposa del Juez. (Pausa) Y amante del….

AGNES. -¡Elenita!

MARGRITH. -A esa cogotuda la tengo atragantada.

BIENVENIDA. -¡Si va  a elegir a la reina con el mismo gusto con que elige los vestidos que se pone!…

AGNES. -Con el poder judicial no se negocia.

BIENVENIDA. -Por ahora.  Y a las 20.00 horas… ¡Gran baile, gran! Con la animación de Wendelino Holzer.  ¡Me voy a poner un vestido tan escotado que van a hablar por meses de la mestiza!

KLAUDINA. -¡Hace una semana que me preparo para el baile!. El mayor de los Yappert me echó el ojo. (Se toca la panza) Dice que me lo reconoce y todo.

MARGRITH. -¡Los Yappert ya no saben qué hacer para meterse en la familia!

ELENITA. -Lo que se va a poner lindo es el trasnoche….

Pausa. Miradas. Margrith  refunfuña.

BIENVENIDA. -¡Lectura de las cartas del fundador a sus amantes, a cargo de Bienvenida Baungartner!

MARGRITH. –(Seria) Me prometiste que lo zafado lo vas a pasar por arriba.

BIENVENIDA. – (La abraza. Margrith se ablanda lentamente) ¡Vamos, Margrith!  ¡Un poco de picaresca para incitar a la muchachada!

AGNES. –(Firme) Hay que esperar que el cura se vaya a dormir.

KLAUDINA. -Yo lo vigilo.

Pausa. Suspiran.

AGNES. -Un hermoso programa.

Se acercan a la estatua. Elenita toca unos acordes con su acordeón.

MARGRITH. -¿Qué sentido tiene un pueblo sin héroes?.

Bombas de estruendo. Desde afuera llegan ráfagas de una polka. La música se instala definitivamente.

FIN


IMAGEN. El museo de las legítimas. Dirección: Sandra Franzen. 2018. Foto: Marcela Russarabian.

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